Memoria y desencanto

Por: Marcos Betanzos* @MBetanzos

“Plantado y cultivado por la liberal benefica mano de los muy catholicos y poderosos Reyes de España Nuestros Señores en su magnifico Real Convento de Jesus Maria de Mexico…”Carlos de Sigüenza y Góngora (México, 1684)

Muy pocas veces los diálogos inteligentes se escuchan entre tanto ruido. Y quizá por ello, en ocasiones habrá que dudar al sentenciar que existe la arquitectura silenciosa, la que no dice nada. Prefiero pensar que hay más oídos sordos. Sin embargo, en medio de un incesante bullicio y una serie interminable de puestos ambulantes que le restan todo simbolismo a las palabras mencionadas hay que decir con justicia que es tarea imposible el percibir la presencia del ex convento de Jesús María, uno de los veinte recintos construidos en México durante el Virreinato. Estamos en el Centro Histórico de la Ciudad de México y sabemos bien lo que eso implica.






De acuerdo a Celia Maldonado López, autora del libro “La ciudad de México en el siglo XVII”, este recinto fue inicialmente fundado para recibir a las hijas y nietas de los primeros conquistadores y españoles pobres. Ahí, posteriormente llegaría -dándole una importancia singular y alcanzando el grado de “Real Convento de Jesús María”- la hija de Felipe II, la cual fue procreada con la hermana de don Pedro Moya de Contreras, inquisidor, arzobispo y virrey de la Nueva España. El Doctor De la Maza, comentaría sobre este hecho con cierta picardía que “Jesús María fue convento Real porque albergó a una descendiente de Felipe II, hija natural y por supuesto loca”.

Pero para llegar a lo que hoy conocemos, habrá que dar una vuelta al pasado y mencionar que el conjunto de Jesús María ocupaba una extensión mayor, fue fundado en 1580 con religiosas de la Concepción y en un principio estuvo situado en la casa de la esquina del callejón de Santa Veracruz y Mariscala. Dos años después, las monjas se trasladaron al sitio donde levantarían su construcción definitiva.









De esta manera, el inmueble ubicado en la esquina que forman las calle de Jesús María y Corregidora fue construido bajo el mandato del papa Gregorio XIII y la iniciativa de Gregorio Pesquera, un hombre acaudalado cuyo propósito –reiteradamente- fue fundar un convento para las hijas de los primeros conquistadores que no contaban con dote alguna.

La edificación del convento estuvo a cargo del arquitecto Pedro Briseño e inició en 1578, pero se vio frustrada en 1611 debido a un sismo. Posteriormente, los trabajos continuaron hasta verse concluidos en 1621, con una celebración magna que el mismo Carlos de Sigüenza y Góngora registraría en su libro “El paraíso occidental”. No era fortuito su interés por narrar una “historia de mujeres para mujeres”; y perpetuar así las vidas de las madres virtuosas del Real Convento de Jesús María: su hermana, la religiosa Lutgarda de Jesús, ingresó al convento y eso permitió un acercamiento privilegiado y un deseo inigualable para el catedrático y escritor.








Dedicadas a la elaboración de dulces para obtener algunos fondos económicos para todo tipo de tareas cotidianas, la vida en su interior permaneció así hasta 1861 cuando las religiosas fueron exclaustradas. El convento se fraccionó y albergó vecindades y diversas bodegas ferreteras manteniéndose hasta 1938, cuando fue remodelado para dar cabida el cine Progreso Mundial. Luego lo utilizaron como tienda de muebles (Viana) y su decadencia se enfatizaría al alojar un billar, bodegas para comerciantes y finalmente convertirse en baños públicos…






En 1982, cuando inició el rescate parcial del claustro principal, se evidenció su detrimento: el intemperismo, los hundimientos diferenciales y todas las adaptaciones negativas ya habían dejado huella. Hoy es una bodega del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y a poco más de 430 años de historia duele ver el pasado narrativo en imágenes que resultan nostálgicas.

La desatención del ex convento de Jesús María es evidente. Si bien desde el inicio de este siglo se han anunciado varias propuestas para su rescate, en la realidad el debate se centra en la complejidad de reunir fondos para llevarlas a cabo y la determinación de saber si vale o no la pena evitar lo que a muchos les parece inevitable. Ahora que aún es posible verlo aunque con esfuerzo, no está de más llevar la nostalgia hasta su elegante portería que exhibe la inscripción epigráfica más antigua de México realizada en 1620. No está de más preguntarse de paso, ¿Cuántos recintos como este se encuentran en la misma o en peor situación?






Fotografías: Marcos Betanzos y cortesía del Archivo INAH


*Marcos Betanzos, es arquitecto, fotógrafo y escritor independiente.

El autor agradece a la Arquitecta Cinthia Melendez Xochicale con quién realizó el registro de las fábricas del inmueble y el estudio del mismo a nivel histórico y arquitectónico.

2 comentarios:

  1. Hola, buenas tardes.

    Soy estudiante de Arquitectura y justo estoy haciendo una investigación sobre el ex-convento. Me gustaría encontrar más información sobre el mismo. Me podrían apoyar? agradeceré mucho su apoyo. muchas gracias

    Ri

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  2. enfrente del convento de lo que era viana y el cine mundial existia una vecindad en en numero 43 ahora la fachada es una ferreteria ahi existe o existía en esa vecindad un aserie de cuartos muy pequeños y muy obscuros y un patio central las ecaleras y los barrotes muy antiguos eso era oparte del convento????

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