La Visual de… El optimismo Slim

Carlos Slim ha salido a dar su punto de vista sobre lo que será el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAICM). En su discurso el ingeniero dejó claro su pronóstico: para él, el futuro del NAICM es de certezas en el ámbito económico y social 


Archivo de Cuartoscuro
Por Marcos Betanzos @MBetanzos
Sin entrar a detalles da por hecho que un proyecto de esta importancia será un detonador positivo para el oriente de la zona metropolitana, desestima las alertas de la obra y pondera antes que cualquier otra cosa, el motor de la ingeniería mexicana para domesticar la huella de un lago extinto. Casi obligado acepta que la transparencia de los contratos podría revisarse.

Alejado en absoluto de la referencia mitológica y la controversia ambiental, de la polémica del tema por la oscilación de las campañas políticas y de las observaciones realizadas por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en el manejo de los recursos económicos en sus contratos y adjudicaciones; uno de los hombres más ricos del mundo se muestra pragmático al opinar sobre la obra más ambiciosa que el país ha emprendido en décadas, desestima los señalamientos que lo vinculan a tener intereses relevantes en la obra y sopesa los desatinos políticos, dimensionándolos como parte de un montaje teatral, sabedor de que todo recurso político está imposibilitado para germinar en el fango de la desacreditación. No pierde la oportunidad de suscribir que la corrupción debe terminar, no indica ruta para ello.


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Poniendo por delante la determinación empresarial y dejando de lado la historia reciente (puede ser sólo la de este sexenio) colmada de controvertidas obras públicas fallidas, señala que México está obligado a procurarse la imagen de un país en crecimiento en busca de desarrollo a través de lo que será la puerta de entrada y salida para más de 127 millones de pasajeros al año; para él, nuestro país merece prescindir de parches y hacerse de un gran aeropuerto para el siglo XXI; merece hacerse de una gran avenida que equipara con el Paseo de la Reforma y que imagina cruzando las 746 hectáreas que hoy ocupa el Aeropuerto Internacional Benito Juárez; hace cuentas aceleradas frente a periodistas y testigos mientras cuestiona su capacidad de imaginar millones de metros cuadrados construidos y más millones de pesos y dólares que vienen con ellos, para él no hay opción: el proyecto va y no puede pararse por una opción más económica, no existe la posibilidad del plan B más barato, el proyecto merece toda su defensa y aval, así se eleva su optimismo liberándose de estirones publicitarios de políticos en campaña. Se vuelve inalcanzable.



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Sin embargo, lo que revela esta condición optimista es el hecho de saber que su mirada ha tomado perspectiva, ha ido mucho más lejos: el empresario se concentra en la estrategia para definir el uso que tendrán los terrenos que habrá tejido lentamente para posicionar una agenda mayor que tiene como pretexto el nuevo aeropuerto en Texcoco; la infraestructura que habrá que construir para dar soporte a esa nueva extensión de la ciudad con sus servicios y sobre todo en el desarrollo de un nuevo modelo de ciudad que no necesariamente pasa por el filtro de la planificación urbana. Lo pactado concluirá sin sobresaltos. Para el ingeniero Slim, el tema está agotado, hay que comenzar a discutir qué pasará con las otras hectáreas que aún no definen su uso ni vocación. Lleva muchos pasos adelante.



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Lo que viene, ante el vacío de acuerdos entre el gobierno federal y el gobierno de la Ciudad de México por el futuro del actual aeropuerto son puras oportunidades. La carencia de un verdadero plan maestro que revele una transformación en nuestro modelo de ciudad es una indiscutible señal de viento a favor para un empresario inteligente que sabe cómo pocos sacar partido de un escenario estremecido por la improvisación de nuestros gobernantes.


Dejando de lado la controversia momentánea sabremos que el optimismo de Slim no recae en la terminación exitosa de la obra en cuestión sino en la posibilidad única de posicionar nuevamente la agenda inmobiliaria mucho antes que la agenda urbana. ¿Cuántas veces hemos visto esto antes?

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