La Visual de... Cuestión de prioridades

Desde la ventanilla del avión, quien fuera el director de CONAGUA, José Luis Luege Tamargo denunció el impacto ambiental que está ocasionando la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM). Su mirada se dirigió puntualmente a la desaparición del lago artificial Nabor Carrillo, un cuerpo de agua de mil hectáreas o 30 millones de m3 que funciona como laguna reguladora y también como hábitat de aves migratorias.



Fotografía cortesía de Vianey Azaena Rubio 
Por Marcos Betanzos @MBetanzos
El ex funcionario, señaló como los principales responsables de esto, a lo que llamó el mayor crimen ecológico del país en su historia moderna, a la Secretaria de Comunicaciones y Transportes (SCT) y al Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México S.A. de C.V. (GACM). Con más resignación que decepción, argumentó las causas por las cuales el proyecto presentado como la gran obra del sexenio no es más que “un gran centro de negocios y de intereses perversos enfocado en explotar la tremenda plusvalía de los terrenos federales aledaños al AICM”.



Por su parte, Alejandro Hernández en su texto “Aeropuerto en vez de lago: condenados a ser modernos” (http://www.arquine.com/aeropuerto-en-vez-de-lago/), realizó un repaso histórico pertinente sobre la relación que sostuvo la Ciudad de México y el agua; los proyectos hídricos de siglos y años atrás, los autores; obras y consecuencias que ha tenido (y tendrá) el quebrantar la relación de coexistencia antiquísima con el lago (sus lagos), por una idea que ha llamado anticuadamente moderna, la cual que se dirige a “construir el futuro a partir de proyectos que sólo buscan incrementar el desarrollo económico cancelando, quizá irremediablemente, la posibilidad de enfrentar de la mejor manera posible el porvenir”.



Fotografía cortesía de Javier Salinas 


A estos clarísimos señalamientos que son innegables y a los cuales las autoridades deberían comprometerse a responder, se suman los daños a nivel de piso: el silencioso ejercicio de erosión de más de ocho municipios del Estado de México, entre los que destacan Texcoco, Tezoyuca, Teotihuacán, Tlalmanalco, Otumba o Tepetlaoxctoc, los cuales enfrentan desde el 2016 la incesante y clandestina operación de minas que tienen como finalidad, proveer de material pétreo las obras de relleno del NAICM.



Fotografía cortesía de Marcos Betanzos 


Vecinos y organizaciones civiles de los municipios antes mencionados, han reportado ante la Comisión Especial para la atención y seguimiento a la construcción del NAICM del Senado de la República que, son al menos hasta diciembre pasado, más de cien minas las que operaban bajo laxas reglas de control ambiental, reabiertas con amparos otorgados por el poder judicial -una vez que han sido clausuradas por autoridades como la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México (PROPAEM)- o en su defecto, sin regulación alguna para extraer el material pétreo que el megaproyecto demanda.



Fotografía cortesía de Marcos Betanzos 


También, señalan la forma expedita y opaca la que a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) se han aprobado al menos 28 proyectos de cambio de uso de suelo forestal que ponen en tela de juicio el cumplimiento de la Ley general del equilibrio ecológico y la protección al ambiente, en específico su artículo 28 concerniente a la evaluación, análisis de impacto ambiental y preservación de los ecosistemas por las obras o actividades realizadas en la extracción de roca, entre otras ahí contempladas.


Fotografía cortesía de Marcos Betanzos


El proyecto del NAICM que desde su gestación se dijo que atentaría contra los cuerpos de agua ahora comienza hacer visible su impacto sobre la tierra en comunidades y municipios que incluso han perdido zonas arqueológicas. Cráteres por doquier, nuevos socavones y la amenaza o el hostigamiento a vecinos que denuncian daños a sus casas ocasionados por el uso de explosivos y maquinaria pesada. La exigencia ciudadana a frenar este proceso de devastación ambiental, vuelve a poner el dedo en el renglón en el punto más endeble de un proyecto faraónico que no cumple, ni cumplirá con su promesa social ni de preservación ambiental, dentro y fuera de su polígono, esto último impensable.


Fotografía cortesía de Marcos Betanzos


La obra que se perfila desde la ilusión y la jactancia como la más relevante del México del Siglo XXI, nos dejará como legado una colección de cráteres que ilustran contundentemente el poder nulificado, negligencia o complicidad de las instituciones del Estado para construir proyectos con una verdadera visión a futuro. Esta erosión que compromete el futuro sostenible de todos nosotros; la erosión que dinamita la oportunidad única de transformar el modelo de ciudad por la necedad pretenciosa de construir un icono político. Como siempre, es cuestión de prioridades.



Fotografía cortesía de Marcos Betanzos





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