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Teodoro Ganzález de León Fotografía - Lorenzo Díaz |
Acotaba también que la política no crea una expresión arquitectónica (porque la voluntad edificadora de un político no crea un estilo arquitectónico) pero sí puede prohibirla y suprimirla. Era claro y contundente: “la ciudad requiere una política constante; cuando el político no hace porque cuida su futuro, la ciudad muere. La ciudad exige una política de riesgo constante”.
González de León escribió así de la ciudad que fue motivo y preocupación de muchas de sus obras, tanto como el arte. A veces una misma pincelada conectada por ese equilibrio maestro de hacer habitable y sorprendente la armonía compositiva de sus volúmenes y, al mismo tiempo lograr que estos fueran más que objetos contemplativos y funcionales, apuestas personales por reinventarse, asumió el riesgo constante de arañar la superficie de su propio pedestal, un lujo que sólo él podría darse al pasar indiferente por encima de la crítica porque a la crítica –como a muchas otras voces- supo cómo llevársela al bolsillo para alimentarla y complacerla de forma elegante, sutiles caricias que tranquilizaron a los más fieros cerberos.