La propuesta para esta residencia,
ubicada dentro de un terreno de 525 m2 en Cuernavaca, Morelos, apuesta
por la densidad y la introspección. Se concibe como una fortaleza doméstica que
protege la vida interior de sus habitantes y redefine la noción de privacidad
en la arquitectura contemporánea frente a la transparencia extrovertida del
vidrio.
La fachada se concibe como un juego
escultórico de cuatro volúmenes ciegos. Dos en planta baja —destinados a garaje
y oficina— y dos superpuestos —para gimnasio y servicios— conforman un frente
que niega la calle y se vuelca hacia un universo interior. Esta composición
volumétrica otorga al conjunto un carácter sobrio y contundente.
La materialidad es el hilo
conductor de la narrativa. El chukum, con su calidez ancestral y textura
terrosa, suaviza la rigurosidad geométrica de los paramentos, mientras que las
celosías de concreto pigmentado negro actúan como diafragmas tectónicos:
filtran la luz y el aire, aportan privacidad y añaden una textura brutalista
que intensifica la atmósfera.
Fotografía: César Belio











No hay comentarios:
Publicar un comentario