Un ejercicio de recuperación honesta que reconoce el paso del tiempo y devuelve al patio central su condición de corazón del inmueble.
El patio central, corazón de la casona, marca el inicio de la recuperación. Desde ahí se despliega la estrategia que devuelve vida a un inmueble abandonado en el centro histórico de Mérida, hoy integrado al corredor gastronómico de la ciudad. La lectura de su historia y de su contexto urbano orienta las decisiones espaciales, funcionales y estructurales.
La primera acción fue liberar al edificio de añadidos que habían distorsionado su morfología: se retiraron muros divisorios, bloqueos de vanos y un mezzanine ajeno, devolviendo a la esquina sus crujías originales.
El paso del tiempo había provocado el colapso de elementos como el portal del patio y las cubiertas. La propuesta responde con un lenguaje contemporáneo que recupera su vocación inicial: las nuevas cubiertas respetan las vigas de herrería originales, pero se separan de los muros para mantener independencia estructural y permitir la entrada de luz natural, estableciendo un diálogo honesto entre épocas. El portal reconstruido devuelve al patio central su papel rector dentro del conjunto.
Un nuevo ritmo de columnas de madera y herrería aparente aporta ligereza y reversibilidad, en contraste con la solidez del edificio histórico. A nivel estructural, un cinturón consolida la fachada al integrar vanos y macizos, respondiendo a la imagen urbana del entorno. Los servicios se alojan en volúmenes independientes, optimizando la operación de las instalaciones eléctricas e hidrosanitarias sin alterar la casona.
Bartolomé es un ejercicio de recuperación honesta: reconoce el paso del tiempo, devuelve al patio central su condición de corazón del inmueble y restituye la relación de la fachada con el cielo y la calle.
Fotografía: Eduardo Calvo Santisbón




















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