De Portada: Justo Sierra 56 por Boué Arquitectos


La música y los pregones de comercios de todo tipo adquieren más volumen y pierden claridad. La calle de Justo Sierra en la Ciudad de México recupera su silencio al llegar a la Plaza Loreto, una de los más entrañables espacios públicos, remanso entre el trajín de vendedores, turistas y locales.

Por: podio @podiomx

En ese escenario —tan cercano al zócalo de la gran metrópoli— muchos edificios de la zona siguen la inercia de una decadencia colectiva, un destino desafortunado: años de abandono, ocupaciones comerciales, o falta de visión y confianza en la potencia de una arquitectura dispuesta a reactivarse y convertirse en un inmueble digno, sobre todo vigente.

Una de esas construcciones, rompe esa similitud que parece un destino obligado. Se trata de un edificio de planta baja activa con dos locales comerciales y cuatro niveles de departamentos coronados por un roof garden que se desborda hacia el exterior y que posee una de las vistas más privilegiadas de la Ciudad de México.

El inmueble, intervenido por Boué Arquitectos, se encuentra entre las calles del Carmen y Loreto, y de él sobresalen una serie de balcones, vegetación y un acabado pétreo en color rosa que lo hace destacarse de sus vecinos, al mismo tiempo que la disposición de los materiales reivindica un gesto de integración y contraste: la continuidad de las alturas en fachada o el segundo ciclo de vida de un edificio responsablemente intervenido.



Entre los beneficios de la detallada reactivación de este inmueble, bajo una perspectiva de índole habitacional, se encuentra el hecho que les ha permitido a sus creadores promover la reactivación de un pequeño fragmento de la calle de Justo Sierra provocando el ordenamiento comercial que se da en ella. Al interior, la recepción corona siete patios –conectados por el sistema de circulaciones verticales y horizontales— que ordenan la configuración de ocho departamentos por planta, hasta llegar a la parte superior donde se encuentra un festín de terrazas con una gran pérgola y cubierta que, es quizá uno de los sellos distintivos del inmenso roof garden, que se fusionan con el gimnasio y los servicios.

Esta lógica de usar estos fragmentos de patios rectangulares como espacios para encapsular cada terraza, favorecen un sistema flexible de usos en la que cada usuario puede configurar sus amenidades con hamacas, salas o asadores, ya que la vegetación existente condiciona la privacidad sin interferir en la posibilidad de contemplar el horizonte metropolitano.

El patio posterior, así como la fachada principal, garantizan que todos los departamentos cuenten con iluminación y ventilación natural, pero también permiten escuchar los sonidos de la ciudad que poco a poco, al caer la noche, se reducen dejando espacio a un silente refugio dentro del más activo epicentro de la Ciudad de México.

Fotografía y texto: Marcos Betanzos








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