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| Gobierno de la Ciudad de México |
El desengaño, para aquellos que lo elevaron como la opción de un gobierno fue siempre una constante, el hartazgo creciente solicitaba a gritos su separación del cargo; su decisión, finalmente fue agradecida. Mancera se fue negociando su supuesta fuerza política, reiterando el poder de su narcisismo o su trasformación en un gobernante enano cegado por sus propias ambiciones, ensimismado en su capacidad desmedida de negociar más rebanadas de pastel o las boronas de ser necesario, todo ello sin el menor recato.
