Con las decisiones que no ha tomado o aquellas que no le han dejado tomar, el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera se mantiene en la ruta para sacar a la izquierda del gobierno de la capital y entregar formalmente la entidad a sus acreedores
Su proyecto bandera, el
Corredor Comercial Chapultepec ha caído no sólo en el absurdo por su evidente inconsistencia
técnica y la exhibición del poco tacto urbano-arquitectónico de quienes
pretenden sustentarlo, incluyendo la carente credibilidad de su principal
promotor, Simón Levy titular de PROCDMX.
Engaño tras engaño se ha
recorrido un camino denso y opaco donde gracias al activismo de diversos
ciudadanos independientes (incluyendo arquitectos y urbanistas) ha salido a la
luz y se ha demostrado que esto es una imposición que se mantiene en pie
exclusivamente por los intereses privados que lo respaldan, tan grandes como
para dar la escala correcta a funcionarios y autoridades retratándolos como enanos
serviles, sumisos y obtusos que bailan al ritmo que las monedas producen. Su
mezquindad y su forma tan ruin de manipular las cosas, de enturbiarlas y de
intentar protegerse entre ellos, evidencian que ignoran lo más elemental al
hacer ciudad con un proyecto urbano de esta magnitud: la necesidad de contar
con alternativas plurales, generar distintos atractivos, producir estrategias a
nivel de calle o mecanismos para concretar un modelo de ciudad desde una instrumentación
democrática dejando de lado la simulación, por ejemplo. Algo que desde el
inicio no ha sucedido en este caso.
