La Visual de... Educarnos cuesta

Hace 130 años, Karl Benz (1844-1929) solicitó una patente al gobierno alemán con la finalidad de producir un vehículo de tres ruedas diseñado para impulsarse con un motor de combustión interna. La patente no. 37435 permitió que su diseño se presentara públicamente en junio de 1886 y que saliera al mercado a un costo de 1,000 dólares por unidad, se produjeron 25 y éstas se comercializaron lentamente 

Por Marcos Betanzos @MBetanzos
Esa patente la habría presentado Bertha Benz (1849-1944), esposa de Karl, sin embargo lidió con las leyes de su tiempo, las cuales no le permitieron realizar el trámite por ser una mujer casada. Finalmente, ella que había sido incansable promotora del proyecto automotriz se hizo de su lugar en la historia realizando como conductora el primer viaje de más de 100 km a bordo del Benz Patent-Motorwagen. 

En nuestro país, el automóvil hizo su aparición en la Ciudad de México en el inicio del siglo XX en pleno porfiriato. Un parque vehicular de 1903 enlistaba 136 unidades y otro fechado en 1906 contabilizaba 800. Ese incremento motivó el nacimiento del primer reglamento de tránsito del país que proponía mejorar las leyes de convivencia entre automotores y carruajes tirados por caballos. Las velocidades máximas contempladas eran de 10 km/h en calles estrechas o muy transitadas, y hasta 40 km/h en vialidades más amplias.







La convivencia en la calle comenzaba a ser problema, por lo que en 1922 comenzó a funcionar la figura del jefe de tránsito y en 1928 se agregaron artículos al reglamento con la finalidad de producir sanciones económicas a infractores; aparecieron motocicletas  y patrullas de tránsito que debían vigilar el respeto del reglamento pero no fue suficiente: en 1930 se instalaron los primeros semáforos manuales en la Ciudad de México y en 1932 los automatizados; después vinieron dependencias, secretarías y burocracia pero nada, nada de eso funcionó para educarnos como ciudadanos que tienen la responsabilidad de mantener un respeto por el prójimo, por todos: los que andan a pie, en bicicleta, en patines o en otro automóvil. La impunidad, ya lo sabemos, muchas veces anda sobre ruedas.




Así, el automóvil dejó de ser la máquina promesa para convertirse en el símbolo aspiracional del progreso humano y hoy en día es catalogado como una de las principales amenazas para la calidad de vida de los ciudadanos por ser “generador de contaminación ambiental, ruido y tráfico, además de que se relaciona directamente como causal de accidentes; propicia el despilfarro de recursos públicos en infraestructura vial y contribuye al aumento de la tensión y la hostilidad entre los usuarios de la vía pública”, así lo indica Fernández Christlieb, investigador del Instituto de Geografía de la UNAM.




El estudio de Daniel Zamudio “ZMVM: Hacia el colapso vial”, nos arroja un futuro poco alentador. Zamudio indica que en la Zona Metropolitana del Valle de México el parque vehicular en 1990 no alcanzaba los 2 millones de vehículos, en 2008 ya rebasaba los 5 millones. Él calcula que el ritmo de crecimiento presente permitirá llegar en 2020 a un total de 7.5 millones de coches y 9.5 millones para 2030. Nada parece indicar que el uso del automóvil vaya a reducirse y poco ayuda la doble moral con la que las autoridades actúan, por un lado sancionado y por otro permitiendo que todas las unidades circulen más días al mes, que sea menos costoso pagar impuestos por tener un vehículo o dando prioridad a obras viales para vehículos privados antes que las del transporte público.
 


Lo que es cierto es que desde que entró en vigor el nuevo reglamento de tránsito he sido testigo de una mejora significativa en el comportamiento de conductores (hay temor a ser castigados aún más en nuestros bolsillos, ya bastante vapuleados). Y dicho sea de paso, siempre anhele que quien no respetara las reglas de tránsito fuera fuertemente sancionado. En verdad aplaudo las sanciones a quien circula con impunidad pensando que su ritmo de vida es más importante que la de cualquier otro mortal. Y como era de esperarse, ya comenzaron los recursos legales para echar atrás este nuevo código en el que la autoridad capitalina no perdió oportunidad para hacer –otro- buen negocio.





Han pasado 112 años del surgimiento del primer reglamento de tránsito y 130 del lanzamiento del Benz Patent-Motorwagen, circulamos hoy a una velocidad promedio de 25 km/h según el Instituto Mexicano de la Competitividad y tenemos un límite de velocidad máxima de 80km/h y 50km/h en avenidas principales, estamos muy cerca del límite en los años de Don Porfirio Díaz. No nos hemos querido educar y el retroceso es de más de un siglo y no es culpa del automóvil, no son las cosas son las personas. Educarnos cuesta, el mensaje debe quedar muy claro.



*Marcos Betanzos (Ciudad de México, 1983) es arquitecto, fotógrafo y articulista independiente. Becario FONCA 2012-213 por su proyecto #BORDOS100 y miembro del Consejo Editorial de la Revista Domus México, América Central y el Caribe

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