¡Los árboles se quedan! Frase con la que inicia la primera entrevista con los usuarios en el terreno, un par de crujías preexistentes, la primera con un tejaban manchado de hollín en donde apenas se percibía el color del barro de las tejas y la segunda; apenas si se podía sostener recubierta con láminas de metal. El espacio restante del terreno se encontraba lleno de maleza y tres árboles -que los arquitectos supieron desde el principio- jugarían un papel importante al momento de la distribución del proyecto.
Por: podio @podiomx
