En México, a inicios del siglo XIX el
crecimiento de los centros urbanos trajo consigo migración de pobladores
rurales en busca de la promesa de una mejor calidad de vida.
Las ciudades siempre se enfrentan al compromiso
de mejorar la movilidad, y por ende, la calidad de vida de sus habitantes.
Además, las acciones para dicho compromiso no deben comprometer el medio
ambiento, o en su defecto, provocar el menor impacto posible. Teniendo esto
como premisa es que se instituye el transporte público y otros modelos de
movilidad sustentable.