Un cristal blanco que preserva la memoria constructiva del desierto.
Como una roca salina emergiendo del desierto de Baja California Sur, la residencia se levanta como un cristal blanco afilado, con una ventana al cielo y una celosía de tabique rojo que rinde homenaje al oficio tabiquero originado en los pueblos mineros de la región desde el siglo XIX. Este recurso arquitectónico evoca la riqueza histórica y material de Todos Santos y reivindica una tradición constructiva que ha ido desapareciendo con la expansión del block de concreto. De manera simbólica, multiplica luces y sombras en el acceso principal, convirtiéndose en un recordatorio de la importancia de preservar la identidad local.
Ubicada en Pescadero e inspirada en la geometría de la halita, la casa fue concebida como refugio protegido por las suaves elevaciones del terreno frente a los huracanes. El proyecto, desarrollado por una promotora australiana, busca crear residencias de alta gama que respeten la identidad regional, fortalezcan el vínculo con la comunidad y preserven el ecosistema del desierto.
La vivienda se organiza en dos niveles: en la planta baja, las áreas sociales se conectan con terrazas que extienden el paisaje hacia el interior, junto a dos habitaciones orientadas a la vegetación nativa. En la planta superior, un estudio con ventana horizontal enmarca el desierto, mientras la recámara principal abre su vista hacia las estrellas y el Océano Pacífico, integrando una terraza abierta al cielo y a las montañas.
Exteriormente se presenta como un volumen blanco y sobrio de geometrías interconectadas. En contraste, los interiores combinan técnicas y materiales locales con elementos contemporáneos, logrando espacios sofisticados que mantienen la esencia de habitar el desierto. Al caer la noche, la celosía y la vegetación proyectan patrones de luz y sombra sobre la fachada, transformando la casa en una pieza lumínica dentro del paisaje árido.
Fotografía: Miguel Calanchini
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