El objetivo de
este proyecto es: Vivir en una terraza, partiendo de un predio totalmente
irregular, con una fachada histórica y una amplia densidad vegetal, pero con la
ventaja de no tener construcciones existentes. Todos estos parámetros llevaron
a búsqueda de una solución que aprovechara todas las ventajas y resultara en un
proyecto que impacta en todos los sentidos.
Esta terraza viviente
debía tener todo lo necesario para ser un hogar de descanso, para vacacionar,
pero con la intención de crear espacios mínimos dispersos en un gran vergel localizado
en el centro histórico de la ciudad blanca. Lo más importante fue llegar al
justo balance entre las áreas necesarias para cumplir con el programa sin tocar
la vegetación.
El proyecto
propuso un espacio social abierto, una gran terraza que se vuelve el corazón de
la casa, un espacio que se puede abrir o cubrir de acuerdo con las actividades
y el clima, un elemento muy importante. Este espacio está equipado con módulo bar-cocina
abierto en un costado y por un volumen de servicios y sanitarios al otro.
En el traspatio
se localizaron tres habitaciones que pueden se utilizadas como villas independientes
o integrarse por medio de un jardín y una terraza más íntima que le da flexibilidad
al proyecto ofreciendo a sus moradores la atmósfera que estén buscando.
Adicionalmente se
cuenta con espacios complementarios de bienestar y esparcimiento, un área de meditación
y una cancha de pádel profesional. La paleta de materiales presenta una gama monocromática
que parte de concretos claros con acentos de piedra natural de la región, en diálogo con la abundante naturaleza.
Fotografía: Manolo R. Solís










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