La visual de... El pasaje, el umbral y la cólera política

El pasado 9 de julio, Cuauhtémoc Blanco -exfutbolista en retiro que encontró, o a quien le descubrieron una segunda vocación en la actividad política- recibió la constancia que lo acredita como gobernador electo de Morelos

Por Marcos Betanzos @MBetanzos
Con su llegada, el estado vive la víspera de la incertidumbre y la confrontación por el ajuste de cuentas en deudas y golpeteos políticos en muchísimos frentes, uno en particular resalta puesto que poco o nada parece preocupar al futuro gobernador: la agenda cultural. ¿Podrá entender quien llegará al gobierno, de qué va esto y qué implica ese amplio panorama que en años recientes viajó de la mano de la arquitectura? El futuro es pesimista.

 Y es que, en el rubro de la cultura, hasta el momento no hay una directriz visible para el gobierno entrante; sin embargo, la lógica más simple indica que este tópico no será un lugar para realizar apuestas mayores, y la continuidad de cualquier esfuerzo precedente no será una ruta fácil a seguir. Al menos en el escenario de la campaña política, eso era lo visible. 

Ya sabemos: a la administración saliente encabezada por Graco Ramirez mucho puede cuestionársele, pero sin duda uno de sus arietes para legitimarse fue justo, su andamiaje cultural y arquitectónico que deja como legado obras que forman parte de un Plan Maestro confeccionado con la finalidad de detonar sectores estratégicos en la ciudad y que hoy tiene como consecuencia arquitecturas que son reconocidas por su trascendencia en el estado y en particular en la ciudad de Cuernavaca, mención particular merece su proceso de gestación: en la mayoría proyectos y propuestas procedentes de concursos arquitectónicos. 





Así se consolidó un destino arquitectónico no previsto, que comenzó con la presencia de La tallera de Frida Escobedo, siguió el Centro Cultural Teopanzolco de Isaac Broid y Productora, el centro comunitario Los chocolates del Taller Mauricio Rocha + Gabriela Carrillo, y finalmente el Museo Morelense de Arte Contemporáneo Juan Soriano (MMAC), obra de Javier Sánchez y Aisha Ballesteros. Este último, el más ambicioso en sus alcances planteados como retribución a la ciudad; lectura y aportaciones a su contexto e indudablemente el mejor logrado en su lógica y calidad constructiva.





El museo que requirió de una inversión de 310 millones de pesos, vincula a Amatitlán, poblado emblemático de Cuernavaca cuyos orígenes se remontan 1500 años atrás, con el Centro Histórico de la ciudad y sí, hay que decirlo, corrió con la misma suerte de todo instrumento político en año electoral: se inauguró prematuramente en marzo y fue hasta junio que se presentó listo con la colección permanente en su lugar.

Sin embargo, la espera valió la pena. La proeza constructiva, acompañó sin traicionar la dicotomía planteada inicialmente por Javier Sánchez al cuestionar los límites entre el museo y la ciudad; la traducción de su planteamiento conceptual en la estrategia de diseño, no solo fue acertada sino contundente al lograr el desvanecimiento programado. 





La sutil e inteligente narrativa espacial que obtuvo como respuesta hace protagonista al paisaje, a las transiciones, al espacio abierto, y los fragmentos constructivos que sin perder la lectura de conjunto enmarcan con su geometría y materialidad, el arte, motivo primero de una valiosa colección; la ciudad, los cuerpos de agua y los árboles longevos que acusan las prexistencias en un terreno complicado que articula hoy cuatro puntos de ingreso que detonan experiencias particulares en el usuario y facilitan la lectura de pasaje y umbral, teniendo como sello distintivo la prudencia para llevar sin excesos, la obra arquitectónica al gesto escultórico más elegante.

La primera obra de JSa en el estado, arroja como resultado el espacio de exhibición más grande del estado de Morelos, distribuido en dos salas para exposiciones temporales, un foro abierto, una biblioteca, un jardín escultórico y diversos talleres para programas públicos. Con todos los espacios, regularmente colmados, el lugar se ha convertido en una visita obligada. Para muchos locales, un segundo hogar.






No obstante, la incertidumbre y el bullicio domina, pregunto a Erika Loana, directora de infraestructura cultural del estado: ¿De qué manera este y otros proyectos fueron blindados para soportar la revuelta política y cómo se garantizará su operación y mantenimiento futuro? Ella acota que “la operación del Museo está bajo el resguardo del Fideicomiso Museo Morelense de Arte Contemporáneo Juan Soriano, que existe además un patronato que vela por la continuidad del proyecto”; sin embargo, el mayor punto de defensa de éste o el Centro Cultural Teopanzolco -pone un ejemplo- es que están suficientemente posicionados en el entorno cultural de Morelos. La ciudadanía va a resguardar su continuidad, sentencia.
Daniel Innerarity, escribe que los conflictos se vuelven irresolubles cuando caen en manos de quienes los defienden de manera tosca y simplificada. Teniendo a un exfutbolista que se caracterizó por todo lo bueno menos por su diplomacia: ¿Qué podemos esperar? Quiero pensar de forma optimista: ojalá que la buena arquitectura resista este tipo de patadas. Merece prevalecer y salir ilesa.





Fotografía cortesía de Marcos Betanzos (Ciudad de México, 1983) es arquitecto, fotógrafo y profesor de cátedra en el Tecnológico de Monterrey Campus Santa Fe y CENTRO. Becario FONCA 2012-213, socio y fundador de FUNDAMENTAL, taller de arquitectura, paisaje y urbanismo.

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