La Visual De... Un concierto nos delata

He expresado a lo largo de muchos años, la nula emoción que me produce ir a un concierto, no me inspira, por lo tanto impensable me resulta ir a un evento masivo como el que en días recientes se realizó en el zócalo de la Ciudad de México, eso sí, me atrae la idea de que estos sucedan en un espacio público y hacia allá pongo la mirada porque me parecen reveladores.


Por Marcos Betanzos @MBetanzos
Tamara de Anda ha escrito las vicisitudes que conlleva asistir a un concierto, ella fue al de Roger Waters –el concierto del año, indican muchos- y desde ahí narra la experiencia, léanla vale la pena: http://www.eluniversal.com.mx/blogs/tamara-de-anda/2016/10/4/plaquejas-sobre-el-concierto-de-roger-waters



¡Quizá los terrenos urbanos sean el escenario de animados teatros donde se representan complejas obras políticas!

 –Solomon Benjamin


En mi caso, lejos de la música, del gusto musical y del juicio de valor sobre lo que implica que Roger Waters o Espinoza Paz tomen el zócalo, he pensado en estos días que un evento así, evidencia por mucho nuestra fisionomía cívica, nos retrata como sociedad, y describe indicando bajo qué condiciones estamos de acuerdo en usar el espacio que es de todos, para cierto fin, porque como sabemos el espacio público con toda la gama de actividades que genera no aparece en las ciudades por inercia, éste se constituye tanto por las prácticas que ejerce la sociedad como por el sentido que se le da al convertirse en un detonador de la actividad social, cultural, política y económica (en conjunto, no por separado).





Aproximándonos desde ahí, la pregunta surge: ¿de qué modo nos retrata el hecho de abarrotar el zócalo capitalino para asistir a un concierto o permitir que el acceso a éste se nos restringa en la celebración de la independencia nacional? ¿Existe diferencia si para manifestarse lo toman los maestros, un fotógrafo o un grupo religioso? ¿En qué modo cambia nuestra condición para conceder que un espacio se use de cierto modo y cómo nos retrata esa aceptación de condicionar o permitir su uso o las funciones que adopta?




El concierto fue un éxito –insisto, alejado del juicio de valor musical. ¿Por qué? Porque indudablemente da gusto ver que en un evento –sin distinción de su naturaleza- hayan asistido más de 150,000 personas para mezclarse sin restricción, es motivo de celebración suficiente para un país como el nuestro tan asimétrico; sin embargo, resulta inquietante comprender porque no alcanzamos ese mismo nivel de convocatoria en otras causas, en otros llamados y en exigencias donde la plaza pública sea tomada como algo más que un escenario musical, una escenografía cultural o un templete político con aplausos comprados bajo intercambios grotescos. La plaza pública como un territorio muestra donde la organización, la defensa de nuestros derechos y la exigencia sea una constante y no el gesto atípico de manifestación ciudadana.





Reunir a tantas personas frente a un escenario musical, trasgredir todas las (supuestas) barreras de clase y además de ello unir voces para vitorear consignas de tintes políticos, parece esbozar una evidencia de civismo de primera línea a través de ciudadanos que toman estos eventos como plataformas de resonancia de sus reivindicaciones constantes, pero no, la realidad es otra.





Como se ha visto, tomar la plaza pública más importante del país no está permitido y es incluso castigado por el juicio público, los policías de lo correcto y las autoridades que parecen haber comprendido que lejos de tener ciudadanos de primer orden, tienen un gran grupo de fanáticos hambrientos de espectáculos. Fans rendidos y dóciles, aptos para aplaudir el entretenimiento, capaces de enarbolar por breves instantes la bandera del activismo político y dormitar casi siempre, imposibilitados para indignarse.





Un concierto tiene el poder de generar efervescencia por tomar lo público, de lanzar mensajes y de unir lo que casi siempre parece dividido pero sólo en la superficie, de otro modo no puede entenderse que el mismo mensaje que lanza una estrella de rock sea el mensaje ninguneado cuando proviene de la voz de alguien como nosotros, de otra persona más cercana a la que vemos en el espejo. ¿De dónde saldrán tantos fans cómo para ir a buscar ahí a los ciudadanos que hacen falta?
















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