La Visual de...Teodoro González de León: la frase y el ensayo

Teodoro González escribió en 1999 una serie de reflexiones que abordaban lo que para él era inseparable, la relación entre arquitectura y política. En el documento publicado por el Colegio Nacional reiteraba que la arquitectura al ser un arte, como tal, su tiempo no era el de la política. Decía entonces que el tiempo de la arquitectura es un tiempo largo, y el de la política, todo lo contrario. 

Teodoro Ganzález de León
Fotografía - Lorenzo Díaz
Marcos Betanzos @MBetanzos
Acotaba también que la política no crea una expresión arquitectónica (porque la voluntad edificadora de un político no crea un estilo arquitectónico) pero sí puede prohibirla y suprimirla. Era claro y contundente: “la ciudad requiere una política constante; cuando el político no hace porque cuida su futuro, la ciudad muere. La ciudad exige una política de riesgo constante”.

González de León escribió así de la ciudad que fue motivo y preocupación de muchas de sus obras, tanto como el arte. A veces una misma pincelada conectada por ese equilibrio maestro de hacer habitable y sorprendente la armonía compositiva de sus volúmenes y, al mismo tiempo lograr que estos fueran más que objetos contemplativos y funcionales, apuestas personales por reinventarse, asumió el riesgo constante de arañar la superficie de su propio pedestal, un lujo que sólo él podría darse al pasar indiferente por encima de la crítica porque a la crítica –como a muchas otras voces- supo cómo llevársela al bolsillo para alimentarla y complacerla de forma elegante, sutiles caricias que tranquilizaron a los más fieros cerberos.



En años recientes, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, tanto como la Torre Virreyes o la destrucción del Conjunto Manacar, hizo reunir las voces de sus detractores más anquilosados del sector académico e hizo visible los flirteos que nunca negó con el sector inmobiliario, con el poder de las empresas desarrolladoras, para quien encontró la fórmula de hacer de sus obras negocios infalibles a costa de exponer en límites sus propias ideas de hacer ciudad, variaciones arriesgadas que lo llevaron al juicio público, del más superficial al mejor argumentado. La contradicción pero también la cercanía con grupos que al paso del tiempo se han encumbrado como autoridades morales de lo que debe hacerse, lo hizo transitar como su abanderado, gestionando ante políticos, empresarios o rectores universitarios la defensa de causas que él mismo argumentaba y podía –en su propia obra- transgredir. Ningún creador es pura luz, ni sombra absoluta. Y nadie puede ser aquilatado por sus contradicciones.



TGL, Croquis de Teodoro González de León

Y si algo más allá de su oficio arquitectónico puede reconocérsele, además de su claridad y hondura, como lo describía Octavio Paz, es su compromiso con el pensamiento, un mérito mayúsculo en un país como el nuestro. A su muerte y la ola de adjetivos para halagarlo y ponerlo en sitio de honor que obliga a pasar por sus referentes históricos, logros y cualidades, le amerita la tarea lenta de revalorar su trabajo y observar con el paso del tiempo sus aportaciones, muchas ya absolutamente comprobadas, descritas, asimiladas por los estudiosos de nuestra disciplina.


Ciudad Futura - Alberto Kalach. 

Esto último lo asumo como un pendiente personal, pues mi desencanto expreso hacia sus últimas obras y trabajos me ha permitido acercarme más detalladamente a esas primeras versiones de él, también me permite dimensionar sus aportaciones en el tema de la ciudad pero no a través de sus edificios ni de su obra consumada sino del urbanismo, y de la obra máxima y monumental que tenía pactada en esa línea y que no (se) pudo concretar: la recuperación del Lago de Texcoco. Un esfuerzo para él, digno de una gran ciudad como la nuestra, un gran desafío urbano que planteado desde su visión integral, permitiría cambiar el paisaje de 12 mil hectáreas de tierras salinas para crear un sistema de lagos capaz de mejorar las condiciones ambientales de la capital “y regresar al ciudadano la esperanza en la Ciudad, en su clima, en el combate a la contaminación…”.



Ciudad Futura - Alberto Kalach. 

A veces una sola frase desencadena más reflexiones que un ensayo completo–escribió el arquitecto en Retrato de arquitecto con ciudad-. Para mí, la frase es ese proyecto no realizado por la falta de correspondencia entre los tiempos políticos y los de nuestra disciplina; el ensayo está en sus obras, en las ciudades que intervino y en los gestos que patentó. Silencioso momento de despedida para comprender todas las lecciones de un arquitecto que nos mantendrá atraídos, seducidos y pensado, por un largo tiempo. Los calificativos buenos y malos, ahora como siempre salen sobrando. Son la entrada al psicoanálisis, me dijo alguna vez.

Octavio Paz escribió que con sus edificios ejerció sobre nosotros una doble influencia física y moral. No se equivocó. Descanse en paz Teodoro González de León.




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