La formación académica y profesional de un diseñador es difícil. Cuando estudiamos, es como la adolescencia, donde dolemos de muchas cosas físicas y emocionales, cambiando nuestras perspectivas de acuerdo a lo que vamos aprendiendo en clase o lo que vamos conociendo. La inmediatez que se puede generar del sentir que “somos diseñadores” desde antes de habernos graduado, hace fácil que nos reinventamos constantemente y busquemos una auto-definición apresurada en un estilo, con el objetivo de generar una identidad “autentica”.
A poco más
de 5 años de haberme graduado, mis consejos para los jóvenes creativos siempre
vienen de los golpes que recibí saliendo de la universidad y emprendiendo una
vida profesional como diseñador. En esta serie de artículos que estaré
escribiendo en esta nueva columna para Podio, buscaré profundizar en las
experiencias que estos golpes me dejaron y cómo han moldeado mi visión sobre el
diseño desde diferentes perspectivas personales, profesionales y económicas. Se
podría resumir en compartir las cosas que nadie me dijo cuando estudiaba, cosas
que tuve que aprender por mi cuenta o con la ayuda de distintos mentores,
clientes y colegas.
