Encontré en Urbi Villa del Prado un muy buen ejemplo para entender el hacinamiento social: una colonia lejana, nueva, invadida por la delincuencia y completamente olvidada por el gobierno y la sociedad”.
Itzel
Martínez del Cañizo describe así un conjunto de casas que se encuentran en una
de las zonas más marginadas de Tijuana y que es habitado principalmente por
trabajadores de las maquiladoras; otro caso más de los que se conocen y nacen
sin cesar a lo largo y ancho del país, bajo la encomienda del Estado y sus
políticas para satisfacer la demanda y el derecho de una “vivienda digna”, a la
cual se accede a través de instrumentos crediticios que reiteran que lo último
que importa es la arquitectura, el urbanismo para hacer ciudad y sí, algo más
grave aún: las personas que los habitan padeciendo la nula planificación de
este tipo de soluciones convertidas en negocios millonarios.
