¿Qué fue de esos terrenos inhóspitos de clase baja, caracterizados por un cinturón de burdeles, reconocidos e icónicos que hicieron aún más populares los antiguos barrios de Nonoalco y Tlatelolco que Luis Buñuel retrató en su célebre cinta Los Olvidados?
Por Marcos Betanzos @MBetanzos
Hacía
1950 Luis Buñuel estrena esa película que lo hace obtener un lugar y un peso
específico en la historia de la cinematografía nacional. Seleccionó como set de
grabación ese barrio, uno de los tantos lugares que acusaban una versión
contrapuesta del discurso oficial que el gobierno en turno presumía en conjunto
con su falsamente cumplida promesa del progreso social, nada nuevo. Con ese
film, Buñuel les hizo ver que la ciudad tenía aún grandes tajos, cicatrices
abiertas de realidades que aún pululaban en el universo de la marginación. La
mirada de quienes vieron esas escenas, exigieron pensar que lo que ahí se
narraba, sí sucedía pero en otro país –no podía ser el nuestro-, los actos
vistos eran sólo producto de la imaginación de un director delirante y
fetichista.