Por Marcos Betanzos @MBetanzosEl instrumento –se pensó- debía ser obligadamente el concurso público. Algunas voces hacían notar la desesperada alerta de no caer en radicalismos, su argumento era sencillo: no todo se puede ni debe concursarse, en algunos casos –enfatizaban- no se cuenta ni con la infraestructura (por parte de dependencias o instituciones gubernamentales), ni con los recursos humanos o materiales para hacerlo.