Un restaurante concebido como metáfora arquitectónica: cortar con lo establecido para resignificar la tradición mexicana en un lenguaje contemporáneo.
Ubicado en Villahermosa, Tabasco, en un terreno de 1,300 m², con 600 m² construidos en dos niveles, el proyecto surge de una remodelación que reemplaza la identidad previa por una narrativa contundente, artesanal y vibrante.
Desde el exterior, el edificio se erige como hito urbano con volúmenes angulosos, fachadas vegetales y murales que dialogan con el paisaje de ranchos y vegetación. La entrada, enmarcada por piedra laja negra, barro y un ventanal a doble altura, funciona como umbral entre la ciudad y un universo propio.
El interior despliega materiales como barro, chukum, madera, terrazo, mármol, mimbre y bronce, acompañados de iluminación lineal que transforma el espacio durante el día.
En planta baja, un vestíbulo a
doble altura da acceso al bar de carácter artesanal y al salón principal,
donde el piso de terrazo negro y plafón triangular generan una atmósfera inmersiva.
El mural de maíces y agaves homenajea al muralismo mexicano, mientras el
espacio se prolonga hacia una terraza-jardín con buganvilias y asadores abiertos que celebran la tradición
del fuego directo.
Una escalera monumental conecta con la planta alta, que alberga un vestíbulo central, un salón general adaptable y dos terrazas contrastantes: una abierta al paisaje y otra íntima y contenida. Los baños destacan como micro escenarios de diseño artesanal en piedra, bronce y mimbre.
Con una paleta de rosas, naranjas y morados, el proyecto fusiona tradición y contemporaneidad: fuego, muralismo y oficios artesanales dialogan con la precisión arquitectónica actual, convirtiendo la experiencia en un acto cultural y sensorial.
Fotografía: Aldo Belenda















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