Una de las retrospectivas más completas dedicadas al artista en Europa, con un recorrido que revela cómo transformó la escultura en una experiencia viva.
El
movimiento, el tiempo y la ligereza son los ingredientes esenciales de la vasta
obra de Alexander Calder. Con motivo del centenario de su llegada a Francia y
del 50 aniversario de su fallecimiento, la Calder Foundation —junto con
importantes museos y coleccionistas— concibió esta exposición que reúne casi
300 obras.
Las 139
esculturas, 33 pinturas, además de dibujos, figuras talladas, retratos en
alambre y piezas de joyería, ocupan más de 3,000 m² del museo diseñado por
Frank Gehry, que por primera vez incorpora su jardín como espacio expositivo
para dos obras de gran formato.
El
recorrido abarca medio siglo de creación, desde finales de los años veinte
hasta los setenta, en una secuencia que parece no tener fin y que hipnotiza con
la magia característica de cada pieza. El Cirque Calder y sus primeros
performances —que cautivaron a las figuras clave del arte moderno— conviven con
mobiles y stabiles que muestran su evolución como pionero del movimiento en la
escultura.
Para
contextualizar la radicalidad de Calder dentro de las vanguardias, la muestra
incluye obras de Jean Arp,
Barbara Hepworth, Jean Hélion, Piet Mondrian, Paul Klee y Pablo Picasso. También se
presentan 35 fotografías históricas de Cartier-Bresson, Kertész, Parks, Man
Ray, Irving Penn y Agnès Varda, entre otros.
Una
deliciosa oportunidad para adentrarse en la obra de uno de los artistas más
influyentes del siglo XX.
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