Un espacio con vida propia.
El proyecto nace de una premisa clara: diseñar un espacio que no
sólo sea una agencia de viajes, sino lo que representa la marca. Las oficinas
de Nuba Atelier en Monterrey son, en cada rincón, una extensión del mundo que
sus agentes construyen para sus clientes.
La paleta de materiales tiene como protagonistas 4 elementos: madera, tapiz, travertino y
azulejos de cerámica. Estos materiales recorren el proyecto de manera
consistente en muros, mobiliario y superficies, aportando calidez, peso y una
sensación de permanencia que contrasta elegantemente con la naturaleza dinámica
de la industria del viaje.
Con un toque de la arquitectura clásica, la cornisa se convierte
en un elemento articulador del espacio. Presente tanto en la transición entre
muros y techos como en el detalle de los muebles, otorga al conjunto una
lectura atemporal, alejada de la frialdad que suele caracterizar los espacios
de trabajo contemporáneos.
Las columnas existentes del inmueble, lejos de ocultarse, se
intervienen con azulejos artesanales fabricados a medida. Cada pieza, producida
en barro y con acabado manual, convierte un elemento estructural en un punto
focal que celebra la artesanía y el trabajo hecho a mano, valores que resuenan
profundamente con la filosofía de Nuba.
La planta se organiza en dos zonas claramente diferenciadas: el
área de colaboradores, diseñada para la productividad e inspiración del equipo,
y el área de atención a clientes, donde la experiencia comienza antes de que el
viaje lo haga. Ambas comparten el mismo lenguaje formal, pero cada una responde
a su función con distintos niveles de intimidad.
El gran detalle del proyecto, el gabinete de curiosidades, inspirado
en los antiguos Wunderkammer de los exploradores europeos, funciona como
manifiesto de Nuba: un mueble donde objetos de distintas culturas y destinos
cohabitan, recordando que el mundo es infinitamente digno de ser recorrido.
A lo largo de todo el proyecto, la luz natural actúa como material
invisible. Los vanos generosos permiten que el exterior dialogue con el
interior, modulando la atmósfera a lo largo del día y dotando al espacio de una
vida propia que ningún artificio puede reemplazar.












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