En el centro histórico de Mérida, esta casa se
concibe como un refugio temporal para hospedaje, donde la arquitectura yucateca
tradicional se reinterpreta desde una mirada contemporánea, cálida y habitable.
Hacia la calle, la fachada conserva una lectura sobria e integrada al contexto
urbano, con muros en tonos tierra y carpinterías azules que anticipan el
carácter interior del proyecto.
La distribución se organiza como una secuencia
de umbrales, patios y estancias que permiten descubrir la casa gradualmente.
Los espacios sociales ocupan el corazón del proyecto: sala, comedor y cocina se
articulan bajo una gran cubierta curva que aporta amplitud, frescura y una
fuerte presencia volumétrica. Los arcos, las dobles alturas y las aperturas
hacia patios interiores generan entradas de luz natural, ventilación cruzada y
una relación constante con la vegetación.
La materialidad parte de elementos propios de
la región: muros con acabados tipo chukum en tonos neutros, piedra natural,
pisos de pasta en tonos claros con acentos verdes y azules, carpinterías de
madera, herrería de color y detalles artesanales en fibras naturales. Esta
paleta construye una atmósfera serena, con guiños al lenguaje colonial y a la
cultura local, sin caer en una lectura nostálgica.
Las habitaciones mantienen una escala íntima y
acogedora, incorporando texturas, celosías, lámparas colgantes y muros
acentuados que enriquecen la experiencia del huésped. Al exterior, la piscina,
la terraza y los jardines tropicales funcionan como extensión de la vida
interior, consolidando una casa pensada para el descanso, la convivencia y la
experiencia sensorial del habitar en Mérida.
Fotografía: Jasson Rodríguez















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