La ola de
reconocimientos a la arquitectura joven mexicana ha llegado en días recientes desde
la ciudad de Nueva York, primero con el premio a Escobedo Solíz Studio, quien
resultó ganador de la edición 17 del Programa de Jóvenes Arquitectos del Museo
de Arte Moderno (MoMA) y posteriormente con el reconocimiento como Emerging Voices
de la Architectural League of New York a los despachos S-AR (Cesar Guerrero, Ana Cecilia Garza, Carlos Flores, Maria Sevilla) y
Rozana Montiel.
Vale
la pena al aplaudir ambos galardones y reconocer el trabajo de estas oficinas,
detenerse a contemplar el andamiaje detrás del reconocimiento obtenido para no
pensar que tales galardones se dan a la arquitectura mexicana y la plataforma
desde la cual se produce. Es oportuno tomar distancia porque en el riesgo de
generalizar pueden ocultarse muchos de los asuntos pendientes por resolver, algunos
en franco proceso de madurez y otros más casi imperceptibles a la práctica
cotidiana. Visto así, hay que decir que nuestra arquitectura no ha ganado en
este caso nada, lo ha hecho el peso específico de cada una de las oficinas
laureadas y su práctica profesional.
