En Phoenix, una vivienda diminuta de apenas 8 metros de largo demuestra que el espacio no se mide en metros cuadrados, sino en la inteligencia del diseño. La luz natural, el exterior de madera y la distribución flexible hacen que el interior se perciba amplio y acogedor, borrando la idea de limitación.
El dormitorio se transforma en sala de estar durante el día, con estanterías empotradas y soluciones de almacenamiento discretas que mantienen la claridad visual. Dos accesos —uno a través de un porche cubierto y otro por la cocina— multiplican la funcionalidad y conectan el interior con el exterior, reforzando la sensación de continuidad.
Cada ventana está estratégicamente colocada para enmarcar vistas y generar profundidad, convirtiendo la luz en la herramienta más poderosa para expandir el espacio. La carpintería a medida aprovecha cada rincón sin saturar, logrando un ambiente despejado y ordenado.
Más que una casa pequeña, es una declaración: la comodidad y la belleza no dependen de la cantidad de metros, sino de cómo se habitan.
Fotografía: Luis García Castro

















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