Un remanso que respira con el bosque, abierto al murmullo de las estaciones, donde la calma es morada y la naturaleza compañía.
En lo profundo del bosque de Avándaro, Valle de Bravo, dos casas de descanso se despliegan como marcos de piedra que encuadran el paisaje y disuelven los límites entre interior y exterior. Implantadas sobre un terreno virgen y de topografía pronunciada, las viviendas respetan el arbolado existente —convertido en premisa compositiva— y conservan más de la mitad del predio como área verde.
La arquitectura se adapta a la orografía natural mediante distintos niveles que potencian la experiencia de habitar entre los árboles. Grandes “grapas” de basalto, ventanales de cristal y cálidos interiores revestidos de madera conforman espacios contemplativos y acogedores. Las terrazas, concebidas como el corazón del conjunto, envuelven cuidadosamente los árboles preexistentes y se convierten en puntos de encuentro íntimamente ligados a la naturaleza.
La iluminación fue diseñada para acentuar las cualidades escultóricas de las casas. Muros bañados de luz revelan las texturas pétreas, mientras luminarias decorativas y haces focales destacan piezas artísticas y elementos específicos. En las áreas sociales se privilegia la penumbra natural del bosque, generando contrastes de profundidad que dialogan con el entorno. En recámaras y baños, la combinación de downlights funcionales y luces de cortesía aporta una atmósfera suave y cálida refuerzan la sensación de refugio.
La materialidad retoma elementos característicos de la región —basalto, recinto y madera— complementados con mármoles y acabados contemporáneos. A través de ventanales de piso a techo, la vegetación se convierte en un mural vivo que acompaña cada estancia. Lucernarios y dobles alturas permiten el ingreso de luz cenital sobre los árboles interiores, mientras un espejo de agua articula la relación entre tierra, piedra, madera, vegetación y luz.
El resultado es un refugio moderno y sereno, concebido para contemplar el bosque y habitar el paso de las estaciones en un entorno de calma y conexión profunda con la naturaleza.
Fotografía: Rafael Gamo




















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