Proyecto ganador del Premio Especial de Impacto Social en la categoría estudiantes en el Premio de Diseño: Diseña México 2025.
El proyecto nace de una realidad que duele y que sigue
siendo ignorada: la violencia de género. En México, la violencia de género
representa una de las problemáticas más persistentes y complejas. Según datos
recientes del INEGI, el 70.1 % de las mujeres de 15 años y más ha
experimentado, al menos, una situación de violencia a lo largo de la vida.
El colectivo de diseño decidió mirar de frente aquello
que las autoridades aún prefieren ignorar. Porque las afectaciones que viven
las sobrevivientes no terminan cuando se levanta una denuncia ni cuando se
cierra un expediente. Continúan en su cuerpo, en su motricidad, en su día a
día, y ese impacto casi nunca se nombra.
Aunque existen iniciativas que ofrecen apoyo a las
sobrevivientes, muchas concentran sus esfuerzos en la contención durante
momentos de crisis. Sin embargo, las consecuencias a largo plazo, como los
deterioros cognitivos y las afectaciones en la motricidad fina, son áreas de
atención insuficientemente exploradas.
IARA se
plantea como un colectivo enfocado en la difusión, detección, y sensibilización
de las afecciones a la motricidad fina como consecuencia de estas experiencias,
usando al mismo proyecto como un medio para divulgar herramientas que puedan
promover la recuperación activa de estas mismas secuelas, usando la motricidad
fina como problemática y como punto de partida para una intervención.
El colectivo formado por: Alina Jazel Meza Gómez, Valentina
Bautista Rivera, Eduardo Calzada Romero y Gamaliel Larios Chaparro, existe
porque quieren poner un alto a la normalización de la violencia y de que la
recuperación se dé por sentada. El diseño, para el equipo, no es sólo una
herramienta creativa: es un acto político. Es una forma de señalar, de
incomodar y de acompañar. A todas las mujeres que han sido vulneradas
simplemente por existir: este proyecto es para ustedes. No para hablar por
ustedes, sino para abrir espacio, para reconocer las secuelas que el sistema
insiste en minimizar.
Fotografía: Alina Meza y Eduardo Calzada







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