Un proyecto que entrelaza interiorismo y rehabilitación arquitectónica para reactivar un inmueble patrimonial de inicios del siglo XX en el centro histórico de Puebla.
Su restauración, guiada por un profundo respeto hacia la memoria del lugar, dio origen a un concepto gastronómico contemporáneo concebido por el chef Pedro Pablo Pérez, donde la historia se convierte en escenario y la arquitectura en un gesto de hospitalidad.
La intervención construye una narrativa espacial compuesta por ocho ambientes distintos, cada uno con una personalidad propia: desde lo fresco y casual hasta lo íntimo y elegante. El recorrido inicia en un acceso vertical marcado por una escalera de caracol en cantera gris del siglo XIX, cuya presencia escultórica dialoga con muros en azul claro, molduras y detalles ornamentales que aportan una contemporaneidad sutil al patio central.
Desde este punto de encuentro, un recibidor distribuye hacia los diferentes salones: el principal, intervenido artísticamente por Amalia Buergo, vibra con energía y vitalidad; el salón azul, en contraste, apuesta por una atmósfera más sobria y sofisticada. El proyecto juega con dualidades —lo antiguo y lo nuevo, la sobriedad y la exuberancia, la elegancia y la frescura— para provocar sensaciones diversas y permitir que cada comensal encuentre el espacio que mejor acompaña su estado de ánimo.
La restauración puso en valor elementos originales del inmueble, como los pisos de parquet, yeserías, carpinterías y pinturas murales, integrándolos con una paleta cromática contemporánea. El mobiliario, coherente en forma pero adaptado en color a cada sala, refuerza la unidad del conjunto sin perder la singularidad de cada ambiente.
El resultado demuestra cómo la arquitectura interior, la restauración patrimonial y la gastronomía pueden converger en una experiencia significativa, donde la historia se vive, se saborea y se transforma en un diálogo equilibrado entre pasado y presente.
Fotografía: Amy Bello








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