Una serie de espacios donde la geometría pura se transforma en experiencia y la luz se convierte en materia. La residencia ubicada en Zibatá en Querétaro y desplegada en un terreno generoso, se eleva como un conjunto de volúmenes que dialogan entre sí, jugando con la fuerza de lo macizo y la calidez de los revestimientos.
La esencia del lujo aquí no se mide en ostentación, sino en sutileza: maderas naturales que envuelven las fachadas y los interiores con una sensación de refugio, contrastadas con la solidez de muros impecables y la delicadeza de mármoles y cuarzos que revelan sus vetas como huellas del tiempo. Cada superficie cuenta una historia, desde el recibidor hasta los pisos pulidos que reflejan la luz con un ritmo propio.
El proyecto no sólo habita el terreno, lo expande hacia la vida cotidiana y el disfrute. Un gimnasio íntimo, una oficina serena y una terraza con jacuzzi que se abre al horizonte del campo de golf conforman un santuario para el descanso y la contemplación, donde el paisaje se convierte en parte de la arquitectura.
La iluminación, pensada con minuciosidad, es más que un recurso funcional: es el hilo invisible que transforma la percepción del espacio. A lo largo del día y la noche, las luces y sombras revelan texturas, acentúan volúmenes y dotan de profundidad a cada rincón, consolidando la obra como un referente de la arquitectura residencial contemporánea.
Fotografía: Ulises Salazar Gómez


















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