La Visual De... ¿Otro hombre solo?

Detrás de la figura del reluciente Premio Pritzker 2019, nada ni nadie parece existir. Arata Isozaki se ha convertido en el octavo arquitecto japonés en recibir el galardón más importante de la arquitectura a nivel mundial, una distinción que corona una trayectoria de múltiples variables en cuanto a estilos, territorios conquistados y proezas tipológicas cargadas de una constante evolución que toma como vehículo el eclecticismo bajo un sofisticado dominio del sincretismo cultural y su visión del mundo más allá de lo local.

Por Marcos Betanzos
@MBetanzos
Jurado del mismo premio de 1979 hasta 1984, Isozaki ha desarrollado un largo camino en el oficio abordando diversos encargos -muchos de ellos convertidos en iconos absolutos-, también ha dejado su estela abriendo paso a diversas prácticas como curador y trasmitiendo su conocimiento en distintas universidades de las cuales ha sido profesor invitado como Columbia, Yale o Harvard. Su oficina mantiene intacta su producción en países como Japón, China, Italia y España; él sigue vigente a sus 89 años, aunque ahora indudablemente es más perceptible la repetición que la innovación en sus obras. Los méritos –todos los posibles- los logró hace décadas, este premio se percibe como un epilogo de toda su vida como arquitecto.




Detrás del ganador, del reconocimiento, de todas las palabras que puedan aproximarse con mayor o menor precisión a la descripción exacta de cada uno de sus méritos y aportaciones, algo sigue resplandeciendo y genera incomodidad en el horizonte de este premio que, al menos a mí me hace cuestionar, ¿Hasta cuándo se seguirán premiando así los talentos en solitario, exaltando el mérito unipersonal en una profesión colectiva? ¿Hasta cuándo descubriremos que detrás de la figura del arquitecto genio, hay muchas personas, muchas mujeres, muchas arquitectas en espera de un poco de luz a su trayectoria? ¿Cuándo podrá reconocerse por ese jurado –integrado desde hace años por mujeres- el trabajo de otras colegas y sus aportaciones en el desarrollo disciplinar?




La evidencia estadística estadística de este reconocimiento indica que, la arquitectura sigue siendo cosa de hombres, de hombres solos. A pesar de todo, el premio Pritzker deja un nuevo tema pendiente, regresar a ser un faro que indique hacia dónde debe dirigirse nuestra práctica. Como señala Anatxu Zabalbeascoa, en un mundo necesitado de guías y proyectistas audaces capaces de ampliar y renovar el repertorio de ocupaciones arquitectónicas, se agradecen los premios que indican caminos.
¿Cuándo será el día que el camino indicado sea el reconocimiento a las mujeres que han aportado tanto a nuestra profesión?







Relación de imágenes:

1.- Palau Sant Jordi, Hisao Suzuki
2.- MOCA Los Angeles, Yasuhiro Ishimoto
3.- Corte perspectivado, Ōita Prefectural Library, Arata Isozaki and Associates
4.- Art Tower Mito, Yasuhiro Ishimoto
5.- Arata Isozaki, Pritzker Prize

*Marcos Betanzos (Ciudad de México, 1983) es arquitecto, fotógrafo y profesor de cátedra en el Tecnológico de Monterrey Campus Santa Fe y CENTRO. Becario FONCA 2012-213, integrante de FUNDAMENTAL, taller de arquitectura, paisaje y urbanismo.

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